La vocación de libertad es una cualidad inherente al hombre y a los pueblos, y es también el ideal que moldea y conduce el proceso de formación de su identidad, que configura su historia, siempre difícil y jalonada con las luchas y con el sacrificio de sus héroes.
La República Dominicana se alzó independiente, libre y soberana el 27 de febrero de 1844, después de 22 años de ocupación haitiana, cuando un grupo de jóvenes comprometidos con su tiempo, organizados en La Trinitaria, decidieron desafiar al invasor y establecer una patria libre de toda dominación extranjera.
El jefe de aquel movimiento, el inmortal Juan Pablo Duarte, se encargó de sembrar entre los más esclarecidos jóvenes de aquella época el ideal de libertad que partía de un principio absolutamente claro: “Vivir sin patria es lo mismo que vivir sin honor”.
Ese concepto, llevado a la práctica cuando el trabucazo disparado por Ramón Matías Mella resonó en la Puerta de la Misericordia, marcó el origen de la patria dominicana, el carácter de nación independiente con el que nos identificamos ante los pueblos de la Tierra.
Aquellos jóvenes cuyos corazones vivían con intensidad el fervor patriótico sabían que no se trataba de una simple declaración escrita y firmada al pie con un sello, había algo más, estaba el propósito de defender con firmeza aquella decisión, que significó embarcarse en una guerra, sostener con las armas en los campos de batalla ese propósito inicial de independencia.
Duarte fue el adalid de aquella lucha, el que con su ejemplo de heroísmo y sacrificio marcó un camino, definió con su ejemplo y mantuvo a riesgo de su propia vida esa decisión de legar a las generaciones futuras esta tierra signada por su decisión de constituirse en una patria libre de la que jamás dejaremos de estar orgullosos.
La gloria sea con aquel grupo de valerosos dominicanos que, junto a Duarte, Sánchez y Mella, pelearon con sus ideas, pero también con la espada y el fusil para que hoy, a 182 años de aquella histórica asonada, nos presentemos ante el mundo con el legítimo orgullo de ser simplemente dominicanos.

















