NUEV YORK.- La etiqueta del VHS, despegada en los extremos, tiene escrito en letra de imprenta mayúscula: KNICKS VS. ROCKETS – PARTIDO #7.
La tinta se desgastó con el paso del tiempo, pero aún se deja ver. El video, con algunos saltos de imagen hasta que logra estabilidad, ofrece un duelo apasionante en busca del título de la NBA de 1994. New York Knicks perdió en aquel séptimo juego frente a Houston Rockets la última posibilidad real de levantar el trofeo Larry O’Brien. Estuvo cerca. Muy cerca.
Pasaron más de 30 años de aquellos choques entre el equipo de Pat Riley, con Patrick Ewing como estrella, y el de Rudy Tomjanovich, con Hakeem Olajuwon en su esplendor y con la calma de mirar la celebración de sus compañeros desde la mesa de control mientras Ewing, Starks, Oakley y los demás Knicks caminaban desolados rumbo al vestuario y Riley se quitaba su saco.
También pasó otra final a la que los Knicks llegaron en 1999, pero fueron ampliamente superados 4-1 por San Antonio Spurs, apabullados por el poder de David Robinson y un joven Tim Duncan.
Para encontrar el último gran éxito de los Knicks hay que rebobinar la historia hasta 1973. Allí consiguieron su segundo título de la NBA en cuatro años, ambos frente a Los Angeles Lakers. Nadie imaginaba una sequía tan grande para el equipo de la Gran Manzana.
Ya es hora de que las fotos de unos Knicks campeones se vean con la mejor resolución y colores nítidos. Ya es momento de que los videos de los Knicks campeones inunden las redes sociales, que se vean en todos los canales de televisión y en cada plataforma. Los hombros de Jalen Brunson, Karl-Anthony Towns y compañía sienten la presión de una franquicia tan gigante en nombre como escuálida en festejos.
Está claro que la conquista de la NBA Cup, allá por diciembre de 2025, será absolutamente olvidada si los Knicks no llegan a las Finales, el verdadero objetivo para el que contrataron a Mike Brown en reemplazo de Tom Thibodeau como entrenador. Y una vez ahí, la misión no puede ser otra que ganarlas.
La ilusión y el deseo de los fanáticos que acuden habitualmente al Madison Square Garden, más todos los que reúne New York Knicks alrededor del mundo, fue en constante crecimiento durante las campañas recientes. Al equipo, quedó claro, no le alcanzó con lo que tenía, aunque dio batalla: llegó dos veces seguidas a semifinales de Conferencia y en la temporada 2024-2025 dio un paso más y quedó eliminado en las finales del Este.
Con carácter y determinación, especialmente en defensa, no fue suficiente. La falencia principal estaba en ataque y ese fue el motivo de peso para la búsqueda de un nuevo rumbo en la dirección técnica.
Mike Brown, con crédito en el banco de los Knicks
New York Knicks finalizó en la tercera ubicación del Este en la temporada regular con un récord de 53 triunfos y 29 derrotas. Ese fue el cuarto mejor registro para un entrenador en su primera campaña completa con el equipo de la Gran Manzana. Un gran paso inicial que necesitará refrendar en los playoffs.
El coach no solo sostuvo el concepto de la destacada defensa que había desarrollado el conjunto en las temporadas anteriores, con Josh Hart, OG Anunoby y Mikal Bridges como pilares en este aspecto, sino que mejoró los registros: los Knicks tuvieron la séptima mejor eficiencia defensiva (112.3) de la liga y se había ubicado decimotercera en ese rubro la temporada anterior (113.3).
La dinámica ofensiva, siempre con Brunson y Towns como líderes, tuvo una clara mejoría en los triples convertidos: 14.2 en la 2025-2026, 10mo en la NBA, contra 12.6 en la 2024-2025, 24to en la liga.
El quinteto titular es una garantía. Sin dudas, de lo mejor de la liga. Pero ya quedó comprobado que no es suficiente para alcanzar la meta.
El gratificante paso al frente que dieron los suplentes en la definición de la NBA Cup, con Jordan Clarkson, Mitchell Robinson y Tyler Kolek como abanderados no se sostuvo con la consistencia necesaria. De hecho, Kolek bajó su nivel hasta salir de la rotación y luego se lesionó. Tanto ellos como Miles McBride, Landry Shamet y hasta José Alvarado pueden aportar positivamente para que el equipo crezca. Brown va a requerir de ellos en momentos específicos y deben estar a la altura.
Los equipos de Thibodeau, que habían alimentado esperanzas, tuvieron esa falencia: se quedaron cortos en la rotación y no encontraron suplentes que ofrecieran soluciones reales.
La sapiencia de Brown para planificar tácticas y estrategias en cada juego de cada serie, además de administrar energías y emociones, será un factor clave para unos Knicks que no quieren volver a ahogarse en la orilla.
Brunson, la esperanza de los Knicks
Desde que salió de la sombra de Luka Doncic en Dallas Mavericks y llegó a New York en la campaña 2022-2023, Brunson se erigió como referente del equipo.
El base es el máximo anotador y asistidor de los NYK, pero sobre todo es el que se hace cargo de los momentos decisivos y hace honor a su premio al jugador clutch de la temporada pasada. Si la pelota quema, nada mejor que dársela a Brunson.
En esta temporada, los Knicks tuvieron un récord de 18-8 (69.2%) cuando JB anotó 30 o más puntos.
Si él no está, la estructura se desmorona. Sin embargo, no es de esos jugadores que acaparan todas las luces: sabe generar un ambiente en el que todos se sientan importantes.
Con Brunson solo no alcanza. Sin Brunson no se puede.
Karl-Anthony Towns, la gran incógnita
Para escalar hasta la cima de la NBA, los Knicks necesitan la mejor versión de Karl-Anthony Towns. El pivote dominicano intercala momentos de lucidez con otros absolutamente opacos.
Ya lo advirtió Shaquille O’Neal en su The Big Podcast with Shaq: «¿Sabes qué es lo que me asusta de los Knicks? No sé qué versión de Katie me voy a encontrar. ¿Será un tigre o un gatito? O sea, en serio. A veces juega de maravilla, y otras veces desaparece”.
La llegada de Towns al equipo en la campaña pasada generó expectativas altas. Se lo señaló como la pieza que faltaba para completar el puzzle. También, se lo marcó como uno de los responsables de no haber alcanzado el objetivo.
Los Knicks, en esta campaña, consiguieron una marca de 39-17 (69.6%) cuando KAT registró un doble-doble, rubro estadístico en el que fue líder de la liga.
Si Towns está enfocado, las ilusiones se multiplican. «Como equipo, es una bendición tener expectativas y estándares altos. Eso significa que estamos haciendo las cosas bien. Toda mi carrera se ha basado en conseguir ese anillo y ganar», aseguró.
El anhelo de Towns es el de todos los Knicks.
Alcanzar las Finales. Aprovechar el apoyo del Madison Square Garden a su favor. Ganar el anillo. Archivar el VHS. Romper, de una vez por todas, con el estigma de que New York Knicks es un equipo perdedor. El momento es ahora.

















