Dedicado a “Tu Punto de Vista”, especialmente a los maestros Yoleidy Sánchez de Lara y Winder Vargas Corcino.
Este artículo nació de una conversación informal. Winder, por un grupo de WhatsApp comentó en tono de broma: «¿Y si algún día las Grandes Ligas tuvieran que verificar si los peloteros son humanos?» Nos reímos, claro, pero la idea quedó rondando.
Días antes, conversando con Yoleidy Sánchez sobre el Foro Global que se celebra en Casa de Campo, coincidíamos en lo difícil que es seguirle el paso a la inteligencia artificial. Ya todo cambia tan rápido que casi no existen verdaderos expertos, porque cada día exige desaprender y reaprender.
Desde esa perspectiva han emergido, aún enmascarados, los conceptos de transhumanismo y posthumanidad.
El transhumanismo es el uso de tecnología para ampliar nuestras capacidades físicas, mentales y biológicas. Hablamos de implantes cerebrales, edición genética, IA integrada a decisiones cotidianas y prótesis que superan al cuerpo natural.
La posthumanidad va más allá. Plantea un escenario donde los límites del Homo sapiens se superan radicalmente. No se trata de cuerpos modificados o de nuevas formas de identidad. En ese futuro, lo que hoy entendemos por “humano” podría ser solo una etapa intermedia.
Incluso, la muerte comienza a perder su carácter de límite definitivo. Con IA, archivos de voz, redes neuronales y tecnologías holográficas, surge la idea de la llamada “inmortalidad digital”. En este contexto, habría personas fallecidas que seguirían visibles, audibles y hasta interactivas; gracias a simulaciones avanzadas entrenadas con sus datos.
No hablamos de memoria, sino de presencia postmortem. Lo que muere es el cuerpo, pero no la figura social ni la identidad digital. Una muerte suspendida por la tecnología, donde ya no queda tan claro lo qué significa estar o no estar.
Otro ámbito profundamente impactado por esta transición es el del trabajo humano. La automatización inteligente, los algoritmos para tomar decisiones y los sistemas robotizados ya están reemplazando labores que por siglos fueron exclusivamente humanas.
Incluso el deporte podría verse afectado, contestándole a mi amigo Winder. Quizás algún día no muy lejano, los equipos tengan que verificar si un pelotero tiene implantes biomecánicos o cibernéticos que mejoren su rendimiento sobre los competidores. Algo así como los esteroides del futuro.
Vivimos un choque de eras, entre el ser humano que conocemos y el que está por nacer. El transhumanismo es el puente y la posthumanidad lo que se aproxima.
Por: FIDEL MOISES SÁNCHEZ










