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Sacerdote Duván López llama a ejercer una justicia basada en el amor y el servicio

Azua, República Dominicana. — En el marco de la celebración de la Eucaristía por el Día del Poder Judicial, realizada en la parroquia Nuestra Señora de los Remedios, en la provincia de Azua, el sacerdote Duván López dirigió un profundo mensaje a jueces, fiscales, empleados judiciales, abogados e invitados especiales, bajo el lema “La justicia que nace del amor y se hace servicio”.

Durante su homilía, el sacerdote agradeció a Dios por la misión que desempeñan los servidores del sistema judicial, calificándola como una labor delicada y decisiva para la vida del pueblo dominicano. Señaló que en manos del Poder Judicial llegan historias marcadas por el dolor, la injusticia, la violencia, el conflicto, pero también por la esperanza.
Inspirado en la primera carta de San Juan (1 Jn 3,22), recordó que la verdadera justicia debe sustentarse en el amor a Dios y al prójimo, destacando que, para quienes administran justicia, este amor se traduce en rectitud, honestidad, imparcialidad y respeto a la dignidad humana.

Afirmó que no puede existir una justicia auténtica sin amor a la verdad ni sensibilidad ante el sufrimiento del otro.

Asimismo, exhortó a los servidores judiciales a dejarse guiar por el Espíritu Santo para discernir entre la verdad y la mentira, especialmente en un contexto marcado por presiones, intereses y una alta carga laboral. “Cuánto discernimiento se necesita hoy en el ejercicio judicial”, expresó.

 

Al reflexionar sobre el Evangelio de San Marcos, el sacerdote López comparó la compasión de Jesús ante la multitud con la realidad que se vive en los tribunales, donde muchas personas llegan con hambre de justicia, de verdad, de respuestas y de ser escuchadas. En ese sentido, instó a no ser indiferentes ni permitir que la rutina apague la sensibilidad humana, recordando que cada expediente representa una persona y cada decisión tiene consecuencias reales.

Finalmente, pidió al Señor fortalecer al Poder Judicial para que practique una justicia cercana, humana y firme, que no se venda ni se doblegue, que defienda al débil sin odio y sancione el mal sin perder la misericordia.

 

Concluyó encomendando a los presentes a la protección de María, Madre de la Justicia y de la Misericordia, para que sus decisiones contribuyan a la paz y a la esperanza del pueblo.

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