P. Profesor, a propósito de la prolongada sequía que ha vivido el país durante este 2026 ¿cómo la Plena de Azua pasó de un desierto a un Oasis productivo en medio siglo?
R. La inquietud no solo resulta pertinente en medio de la escasez acentuada de lluvias que ha experimentado el país en estos 10 meses del año que discurre, sino que llama a la reflexión, en el sentido de cómo la planificación y la visión de futuro, pueden conducir el desarrollo a nuevos estadios de futuro luminoso.
En los años 79 y 80 del siglo pasado, la Plena de Azua era una zona semi-desértica, con sequías de un año y hasta de 17 meses seguidos, donde el paisaje siempre estuvo dominado por cambrones, bahitoas y guayacanes, acompañados de guazábaras y cayucos, como especies botánicas dominantes del paisaje, hasta rodear al lago Enriquillo.
Todo el entorno aún conserva tales características; pero la llanura de la Plena de Azua, unos 30 kilómetros de Este a Oeste, por uno, dos o tres kilómetros de ancho; a partir de la construcción del Canal Ysura, facilitó el desvío de 5 a 6 metros cúbicos de agua por segundo, desde la Presa de Sabana Yegua hasta esta inmensa planicie, donde el cultivo de plátanos y otros víveres de consumo masivo, pero muy especialmente de tomates industriales, melones, pepinos, sandías, ajíes y otras hortalizas, fue adueñándose paulatinamente del espacio, hasta transformar completamente el paisaje, convirtiéndolo en un verdadero “Oasis”, altamente productivo, que le ha permitido a Azua y los asentamientos periféricos, dar un gran salto en su desarrollo y mejoría de la calidad de vida de sus ciudadanos.
Hoy Azua exhibe un nivel de desarrollo y una proyección de progreso, realmente envidiable; todo gracias a la construcción de un canal de riego.
POR: Eleuterio Martínez

















