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Reflexión sobre la impunidad en el transporte.

Por: Dante Beriguete

La reciente tragedia en la que un ciudadano perdió la vida a manos de una turba de motoconchistas vuelve a poner sobre la mesa una realidad preocupante: el desorden y la falta de aplicación de las leyes en el sistema de transporte de nuestro país. Este hecho no es aislado. Es el reflejo de una problemática que por años se ha normalizado.

En muchas de nuestras calles, los motoconchos operan sin control efectivo, incurriendo en faltas que van desde el irrespeto a las normas de tránsito hasta actos de violencia, sin que exista un régimen de consecuencias claro y contundente.

Sin embargo, el problema no se limita únicamente a este sector. También involucra a choferes de carros públicos y guaguas, donde con frecuencia se observan enfrentamientos, amenazas con armas blancas y conductas agresivas en plena vía pública. Son situaciones que ponen en peligro no solo a los involucrados, sino a cualquier ciudadano que transite por esas áreas.

¿Cuántos de nosotros no hemos sido testigos de estos hechos? ¿Cuántas veces hemos sentido temor ante un conflicto de este tipo?

Es evidente que se ha permitido que la impunidad se convierta en norma. Y cuando la ley no se aplica de manera equitativa, el desorden se impone.

Ha llegado el momento de tomar decisiones firmes. Decisiones que, aunque puedan resultar incómodas o tener un costo político, son necesarias para garantizar la seguridad y el bienestar de la población.

El interés colectivo debe estar por encima de cualquier cálculo individual.

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