Una metáfora llamada Media Isla

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Cuando se hace referencia a la República Dominicana en términos geográficos con respeto de Haití, lo común es que se diga “Media isla”, como si se pudiera concebir el concepto de la mitad de una isla.

A juzgar por su definición la palabra isla es “una porción de tierra rodeada de agua por todas partes”. Entonces, por “todas” las partes debe haber agua, y eso no pasa en el caso de la República Dominicana. Recuerdo muy bien una adivinanza vieja, pero buena. Si un hombre hace un hoyo en un día, ¿cuántos hoyos hará en cinco días y medio? Bueno, contestarán de prisa algunos, y esa es la trampa: “Hace cinco hoyos y medio”.

El interlocutor les dirá: “Totalmente falso, pues no existe medio hoyo, son seis hoyos, esa es la respuesta correcta, porque nadie hace hoyo”. Entonces, no existe tal concepto de media isla, como no existe medio hoyo. Pero… ¿cuál podría ser el origen de esa frase? Si indagamos, no existe un documento oficial donde diga que la República Dominicana o Haití sean media isla, indistintamente.

Quizá podamos encontrar expresiones como esta: “La República Dominicana está colocada en la parte oriental de la isla de Santo Domingo”. ¿Cuáles hechos o fenómenos se pueden describir que apunten a la certeza de que ambas repúblicas, en cada caso, sean llamadas media isla? ¿Dónde tiene su raíz cultural? Ya dijimos que aplicado al territorio, no está correcto decir media isla.

Es una metáfora. ¿La idea fue generar una diferenciación entre los pueblos de la República Dominicana y Haití? ¿Sobre cuáles bases ideológicas e intereses cimentaron esa idea? O ¿El concepto de media isla surgió de manera espontánea de las voces del pueblo, generado por la línea divisoria de la frontera, que los dibujantes le hicieron el mapa para delimitar ambos países? En voces autorizadas académicamente y del pueblo dominicano, la palabra isla no es de uso frecuente en el vocabulario común.

Somos “media isla” y ya. “Ustedes allá (refiriéndose a Haití), y nosotros acá”. Aquí hago un alto. La frase: “Ustedes allá y nosotros acá”, envuelve una gama de significados culturales, patrióticos, discriminatorios, excluyentes; de odio, apego, desapego, intereses… Todo por las raíces históricas, económicas, políticas, lingüísticas, culturales y sociales de ambos pueblos.

En el imaginario del sureño dominicano gravita la idea de que los haitianos dicen que “desde las montañas del Número en Azua, para atrás, ese territorio de ellos”. Por varias décadas, desde mi estancia en estudios primarios lo escucho. Y también escucho al azuano decir: “Si del Número para allá es de ellos, que vengan a cogerlo (refiriéndose al territorio) porque les haremos lo mismo que en la Batalla del 19 de Marzo del 1844, que les ganamos”.

Indudablemente, que el caso de la división de la isla de Santo Domingo, no es el único. Hay muchas islas que son compartidas por dos países. Como por ejemplo el de la isla Dall, “la 28ª isla más grande de Norteamérica que está situada en el archipiélago Alexander, en la costa suroeste de Alaska.

La comparten los Estados Unidos y Canadá, siendo la única isla marítima dividida entre ambos países”. Otro caso es el siguiente: “la isla de Irlanda está políticamente dividida entre el Reino Unido (Irlanda del Norte) y la República de Irlanda”.

Cuando estudiamos a República Dominicana como país, tenemos que inferir en que es “insular”, de isla, no “media isla”. Repito, como país, la República Dominica es insular, como lo es Haití, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Cuba, Dominica, Granada, entre otros. ¿Cómo piensan los habitantes de la República Dominicana? ¿Cómo universales, insulares, o medio insulares? ¡Caramba! Ahora se complica la cosa.

Todos sabemos que existen categorías para describir los tipos de pensamientos. Pero… ¿Cuáles serían las categorías para definir el pensamiento medio insular, si este pensamiento existiera? Esta sería una tarea para sociólogos, filósofos, culturologos, lingüísticos, etnólogos y quizá neurocientíficos. ¿A quién beneficia el concepto de media isla? Quizá algunos pensarán que refuerza la identidad del dominicano frente al haitiano, y en pro de ese reforzamiento el pensamiento cultural es ampliamente manipulado por sectores ultranacionalistas y conservadores.

Podríamos estar en una situación de defensa de identidades con propósitos políticos, por intereses diversos o puramente por apego a preceptos ideológicos ya superados. Quizá esto, también tenga que ver con la fragilidad cultural en la definición de la identidad del pueblo dominicano.

No hay que ser erudito para concluir que a los dominicanos se nos están yendo de nuestro acervo muchos elementos identitarios; en nuestros patrones de comportamientos, en nuestra música, en nuestras modas, en nuestro urbanismo, y sobre todo, en la manera de vivir juntos.

Alguien dirá, es que los tiempos van cambiando, es la influencia de las tecnologías en el avance de la humanidad, los cuales generan esos comportamientos. ¡Claro! Pero los cambios suelen tener su plataforma identitaria, y su aporte a la humanidad, es parte de la variedad en el mundo diverso.

La mayoría de los estudios apuntan a que el pueblo haitiano es más apegado a sus raíces y su cultura. Algunos argumentan que eso mismo es lo que los tiene sumido en el atraso, en una situación de inviabilidad.

Sí, el estado haitiano puede ser inviable, pero el pueblo no. El pueblo es la víctima que solo por sus apegos culturales ha podido sobrevivir a corruptos, a dictadores, a hambres, a terremotos, sin un desborde migratorios de magnitudes escalares a la otra “media isla”.

Me parece que la metáfora “Media isla”, se entroniza en el pensamiento colectivo y genera imaginarios de segregación más allá del mismo concepto de insularidad. Como no soy concluyente, ni puedo serlo en estos rozamientos, apelo a que los entendidos hagan sus aportes. Dije, los entendidos.isla

Por: Virgilio López Azuán

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