El colmo de la exageración

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1997

La verdad que en nuestro país se ha hecho patente que un tema saque a otro de la palestra pública por cuestión de segundos, y aquel se ubique en primera plana por mucho tiempo, hasta que llega el otro, y así sucesivamente, dejando de lado las cosas fundamentales de nuestra nación. Lo anterior está sucediendo actualmente con el enfrentamiento Jean Alain Rodríguez vs Miriam Germán Brito, en el marco de la evaluación de los jueces de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), que cumplieron con su período en el cargo.

Ciertamente, el procurador general de la república, violentó el artículo 26 del Reglamento 1-17, interno de Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), al no notificarle a la magistrada Germán, aspirante a mantenerse como miembro de esa alta corte, los reparos y objeciones para que en un plazo de 24 horas ejerciera su derecho de defensa.

El consejero Jean Alain, también transgredió el párrafo I del artículo 26 del supraindicado reglamento, al traer a colación comunicaciones escritas fundamentadas en autores anónimos; así como la confidencialidad en que deben ser registradas aquellas denuncias.

La magistrada ha actuado peor con el caso Odebrecht, mostrando falta de autocontrol

En meses pasados, específicamente en mayo del 2017, la magistrada Germán Brito, también presidente de la Segunda Sala Penal de la SCJ, mediante carta (le gusta mucho escribir cartas, por cierto) le solicitó a su superior, el presidente de la SCJ, Mariano Germán Mejía, no ser considerada para ninguna participación ni como juez de instrucción especial, ni como miembro del pleno, si llegara el caso Odebrecht”.

La magistrada realizó este pedido al presidente de la Suprema Corte, luego de que corriera el rumor de que ella supuestamente habría sostenido una reunión con su amigo el exministro de Obras Públicas, Víctor Díaz Rúa, imputado del caso Odebrecht, afirmaciones éstas que la jueza no negó.

No obstante a ello, el 6 de junio de ese mismo año, la magistrada “reculó” y dijo “que se apresuró y cometió un error al solicitar no ser tomada en cuenta para el caso e indicó que su amistad con uno de los imputados no influirá en su decisión”. Con esa aseveración la magistrada Germán Brito inició el conocimiento del recurso de apelación que interpusieran los imputados del caso en cuestión.

La magistrada Germán Brito, debía inhibirse en esa fase procesal, debido a sus comentarios y comportamiento sobre el caso de corrupción, sin embargo, no solo conoció el recurso, sino que fué la única que votó de forma disidente en la ratificación de Francisco Ortega Polanco como juez de la Instrucción Especial que conoce el caso Odebrecht.

Pero a mas de esto, esta misma magistrada le auguró un futuro nefasto a la acusación fiscal, y se extralimitó en sus funciones, desacreditándola a contrapelo del procurador y grandes juristas de nuestro país, que sostienen lo bien estructurado y sólidamente sustentado que está el expediente acusatorio, haciéndole con esto un daño incalculable no solo a la credibilidad y profesionalidad de la Procuraduría, sino a la sociedad en general por ser éste caso el más grade y perturbador de la paz social y política que registra la historia de la República Dominicana.

Por aquellas aseveraciones de la magistrada Germán, recordemos la pugna mediática que ésta mantuvo con el procurador y la directora de la Procuraduría Especializada de Persecución de a Corrupción Administrativa (PEPCA), Laura Guerrero Pelletier, transgrediendo el respeto tradicional que ha mantenido la Judicatura y la Procuraduría.

Hay un principio general de derecho, que si bien es cierto no lo observamos en la legislación dominicana, no menos cierto es que lo encontramos en el derecho comparado y debe ser precibido por todos los profesionales del derecho, y máxime por aquellos que

sustentan un cargo de donde emiten decisiones jurisdiccionales, y el mismo está en el Código Iberoamericano de Ética Judicial, cuyo instrumento sirve de modelo para el sistema judicial Iberoamericano. Ese principio se llama Prudencialidad.

La característica principal de ese principio, está orientada al autocontrol de los jueces, postulado que no observó la jueza en cuestión, cuando: primero, dijo que no conocerá el expediente de Odebrecht, en ninguna fase procesal ni jurisdiccional; segundo, cuando luego “recula” y conoce el expediente, siendo la única de los 5 jueces que emitió un voto disidente, y tercero, cuando es ella la única juez que ha mantenido una reyerta constante con los magistrados que instrumentaron el expediente, tildándolo de flojo, especialmente con el joven procurador, Jean Alain Rodríguez.

Y con todas estas ofensas, el magistrado Rodríguez ni ninguno de los fiscales ha solicitado al Consejo del Poder Judicial una investigación del comportamiento de esta magistrada, sin embargo un grupo de legisladores se destapan recientemente con una solicitud al Congreso Nacional de una interpelación al procurador de la República, por un simple error de carácter procesal. Esto simplemente es el colmo de la exageración.

Finalmente, sabemos que la magistrada Germán lleva 40 años en la judicatura, y su conducta a la luz del país ha sido honrada, y no lo dudamos; sin embargo, no podemos olvidar que a los seres humanos nunca se le termina de conocer. No podemos descuidar esa verdad irrefutable, no nos vaya a suceder lo que describe el gran dramaturgo francés, Molière, de aquel impostor de nombre Tartufo, que se vendió como el candoroso y gran piadoso al cándido Orgón y su fervorosa madre, y al final se desengañaron cuando el falso devoto quedó al descubierto tratando de quedarse con la esposa y fortuna del infeliz creyente.

Escrito por: Lic. Alex Merán

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