Ingratitud Histórica

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A mediados del año 2000 y con el triunfo político de Hipólito Mejía como presidente de la República Dominicana, se abre paso una etapa política donde se auguraba un gran ambiente de esperanzas.

Hipólito Mejía el único dirigente del entonces PRD que pudo ir forjando un liderazgo al margen de la imponente fuerza del líder más importante encarnado por el inmenso Dr José Francisco Peña Gómez.

Para esa época la mayoría de las “figuras” del PRD vivían del oportunismo político que propiciaba el estar detrás de la sombra del talento, capacidad, trayectoria y arrastre mundial del Moreno de la Loma Del Flaco.

Si algún pecado político se le puede atribuir al entonces Presidente Hipólito Mejía, es la buena fe de un demócrata que revivió de las cenizas políticas unos cadáveres, que luego de tomar cierto aire, se convirtieron en sus principales detractores y algunos hasta llegaron a ser parte de un plan conspirador, en contra del presidente Mejía.

A pesar de la ingratitud de aquellos, el líder Hipólito Mejía se manejó con un muy alto nivel de tolerancia y respeto, al punto de que a nadie maltrató ni persiguió, muy por el contrario siguió tratandoles con la misma deferencia.

Al paso de los años este reducto de cenizas beneficiadas con el milagro de la resurrección política, se mantiene propiciando desde sus trincheras todo cuanto sea para interponerse en el camino de quien pecó en darle un trato que los hechos demuestran no merecían.

Mucha es la presión que algunos hacen para que nuestro compañero LA, sea portador de ese veneno político que pudo contaminar algunos que en otro tiempo se confabularon para destruir lo que a Peña Gómez y otros le costó posiblemente hasta su vida.

El plan ha seguido, la inquina no ha cesado, pero, Hipólito Mejía cuyo noble corazón trasciende la mezquindad de lamas perversa traición, sigue de pie, buscando y expresando sus ideas, pidiendo respeto a las mismas, mientras aquellos, que han logrado esparcir su veneno por el torrente político de la ingratitud, siguen frotando sus manos hasta ver como sus caprichos, hijos de la frustración, pueden ser coronados y para ello han tratado de manipular, hasta ahora sin éxito, el corazón noble de un joven como Luís Abinader.

El éxito está muy cerca y por lo que veo el veneno, no surtira mas efecto que el logrado hasta hoy.

Huáscar Casado

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