CIUDADES ENFERMAS

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Las grandes ciudades dominicanas han crecido de modo desorganizado. Se han convertido en sin mucho calculo ni planificación en metrópolis. Ora por intervención gubernamental. Ora por inducción empresarial privada.

De pronto el Distrito Nacional, Santiago de los Caballeros, La Vega, San Pedro de Macorís, La Romana, se han convertido en ciudades donde la gente trabaja pero no vive en ellas. Por cuanto el sentido de pertenencia y el amor por ellas es mínimo, casi inexistente.

No se nos hacen extraños a nuestro diario vivir los enormes tapones que atosigan el buen desenvolvimiento vehicular, haciendo de cualquier desplazamiento un periplo en tiempo incompatible con la distancia recorrida.

La contaminación auditiva es de altos niveles, no hay sonido solo ruidos, los cuales se producen en la búsqueda de un espacio por donde transitar, parquearse, esparcirse, en fin….VIVIR.

Hasta las aves que surcan nuestros cielos contribuyen con el perjuicio. Basta una mirada a las palomas, que con sus zalamerías hermosean el lugar, pero lo ensucian con sus desechos, cargados de toxoplasmosis.

Los olores de nuestras ciudades se tornan cada vez más fétidos. A modo de excusado han devenido a ser ciertas áreas de las mismas. Ejemplo de esto son los lugares donde suelen estar los taxistas y los venduteros, el hedor a orines se hace insoportable, ya que estos tienen las calles como sus empresas y excusados.

Sumémosle a todo esto la enorme presencia haitiana, nacionales de un país donde la educación ciudadana es inexistente y por ende de igual manera han de comportarse en el nuestro. De cualquier lugar hacen su lugar de “vivienda”, arrabalizando y depredando el entorno.

Como colofón de las enfermedades que acosan a nuestras ciudades está el incremento de los desquiciados en nuestras vías. Sea por insania mental causada por enfermedades psiquiátricas como a los que los estupefacientes le han llevado a ese estado. Doquiera hay un enajenado mental dañando, sin proponérselo tal vez, el espacio de todos.

Sanar nuestras ciudades es un compromiso que hemos de asumir sus habitantes, sus transeúntes y sus gobernantes, sino en modo alguno nos liberaremos de enfermarnos también.

¡Dios nos cuide!

Por Luis De la Cruz Noboa

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