JUEZ DE LA EJECUCIÓN DE LA PENA ¡QUE PENA!

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He laborado en el sistema de justicia penal por espacio de diez años, siendo mis inicio precisamente en la Jurisdiccion de la Vega, específicamente por ante el Juez de Ejecución de la Pena de esa demarcación fueron más de dos años 2008-2010 que me enrole en la entraña del monstruo-José Martí se refirió a que vivió en las entraña del imperio y por eso podía hablar con propiedad del tema-lo que me permitió conocer muchas cosas del sistema de justicia penal y más aún del sistema penitenciario dominicano. El digno Juez que preside el Tribunal de la Ejecución de la Pena de La Vega le escuche decir que el rol del sistema de justicia es juzgar y hacer ejecutar los juzgado, lo cual incluso es un mandato constitucional-articulo 149 párrafo I Constitución Dominicana-sin embargo muy lejos estamos de que el poder judicial tenga la posibilidad de ejecutar lo juzgado, pues para ello necesita tener poder y el poder y la fuerza siempre han andado juntos, por ello quien tiene la fuerza tiene poder y, el poder está en mano del Ministerio Público, pues es éste órgano quien tiene la fuerza.

Ahora bien al margen de quien tiene el poder es claro que los jueces están a merced de los que tienen la fuerza, eso nos permite sostener que a pesar de que existen muchos jóvenes talentosos que se han preparado en la Escuela Nacional de la Judicatura con mucho deseo de hacer las cosas de manera correcta, tienen ante su espalda la espada del poder que a través de la fuerza ejerce el Ministerio Publico, ello lo ha llevado a claudicar muchas veces sus luchas por el derecho, salen con muchas ilusiones que son tronchadas por ese poder que a través de la fuerza ejecuta el Ministerio Publico, pues en ocasiones dictan decisiones justas pero no son ejecutada, porque al final las decisiones en materia penal tiene un ejecutor-el Ministerio Publico, obviamente que ello lleva una distorsión al sistema de justicia penal, pues en qué país civilizado del mundo un juez ordena una libertad a través de una sentencia de absolución, un habeas corpus, una medida de coerción de libertad y el Ministerio Publico decide no ejecutarla, de hacerlo ello causaría una crisis de todo el sistema, pero en República Dominica los jueces emiten decisiones en materia penal todos los días y solo se ejecutan si el Ministerio Publico así lo desea.

No soy defensor de los jueces, por el contrario soy un acérrimo crítico de la forma en que toman sus decisiones, entendiendo que deciden, salvo honrosas excepciones, por temor al poder que ejercen sobre ellos las decisiones del Consejo del Poder Judicial, la prensa y el Ministerio Publico, es decir, no deciden apegado a sus propios principios y valores y lo que es peor ni siquiera en beneficio del derecho o la justicia, pero ello no es óbice para reconocer que la labor de dirimir conflictos económicos y sociales es sumamente delicada y se necesita un férreo carácter para enfrentar tantos intereses, precisamente ese carácter es el que le ha estado domando el miedo a esos poderes que no deben servir de base para una decisión judicial.

Lo anterior me lleva a reflexionar sobre lo que sucedía en la época de la Revolución Francesa donde el furor con el que las cabezas caían en el cadalso cuando eran guillotinado revolucionarios, conservadores, independientes, creyentes, no creyentes, en fin cualquiera podía ir a la guillotina, por tanto había un temor generalizado, tanto que era una hazaña amanecer con la cabeza sobre los hombro. Puede resultar exagerada la comparación, pero la guillotina de nuestros días son precisamente los medios de comunicación, la prensa y un Ministerio Publico, éste último se resiste a entender que los tiempos han cambiado, ello lleva a que la reputación de jóvenes jueces muchos bien intencionados en cualquier día aparezca guillotinada en los titulares de periódicos digitales, escrito, televisión, radio, comentarista, etc. Es muy difícil la labor de juez, pero mi critica también va para ellos, que no han sabido enfrentar ese oscurantismo penal en el que se encuentra el Ministerio Publico, pues no han sido unidos, muy por el contrario han entendido que solo las cabezas de otros rodara, sin darse cuenta que la próxima puede ser la de ellos.

Culmino con las palabras que le expreso un juez en los “Juicios de Núremberg” a los jueces que enviaban a los campos de exterminio a los judíos, el juez alemán expreso que no sabía que era algo tan monstruoso lo que sucedía, que de haberlo sabido no se presta para eso, el juez de Estados Unidos le contesto “es que con solo haber enviado a uno solo el daño estaba hecho”. Todo esto inicio cuando a un joven recién egresado de la Escuela de la Judicatura por una decisión que tomo en Santiago lo sacrificaron y nadie se animó a defenderlo, hoy estamos mirando las consecuencias de aquella indiferencia.

Escrito por: El Abogado Emilio Aquino Jiménez

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